Sofía en blanco y negro.
Sofía no sabía lo que era estar parado o dejar de ver las cosas a color para verlas en blanco y negro. Trabaja a temporadas, llevando un negocio heredado que mezcla con estudios. El resto del año se ganaba un sueldo (pequeñito, muy pequeñito) como limpiadora.
Hasta que llega el momento del parón. Resulta que trabajar a temporadas ya no es suficiente, no aporta ninguna estabilidad. Visto en tercera persona, pasa que lo que antes servía a medida que pasan los años ya no sirve. Queremos "más" o queremos algo "mejor". De ahí que luego surja pensar en lo estable o no.
Del trabajo como limpiadora le "provocan" un despido "forzoso" porque claro, pedir una mejora de condiciones está mal visto y "para lo que haces ya te está bien lo que ganas". Palabras del encargado.
Busca un trabajo "mejor", a ser posible "más estable".
Surge la posibilidad de trabajar como recepcionista a tiempo completo y por un sueldo inferior al salario base. Lo acepta. Sofía es así. Un remolino. Acepta y luego le toman el pelo. Preguntas para saber si llega a fin de mes, si está en riesgo de exclusión social...todo por intentar conseguir una subvención y pagar menos S.S por la trabajadora.
Sofía en el fondo lo comprende. Ha trabajado como autónoma ocho años y sabe la putada que supone pagar ciertos impuestos. Se ofrece a buscar solución, a ver qué tipo de contrato les sería más rentable. A lo que pasa un tiempo sin respuestas. Cuando una tarde pasa cerca de la empresa, ve en recepción a otra trabajadora nueva. Por edad, si tienen subvención para contratarla.
Hasta aquí "bien". La empresa tiene todo su derecho en elegir un trabajador u otro. Ahora, bendito KARMA. Resulta que a la trabajadora le pasa situación X, le dan la baja laboral y se la aplazan tres meses. La empresa, como es lógico, necesitará substituta; llaman a Sofía.
Sofía ha pasado de ver blanco y negro a ver colores. No es que rechace el negro, es que ahora sabe que el negro estiliza y que hay positivo dentro de lo negativo. La vida da vueltas. Hoy estamos aquí, mañana quién sabe. Vamos a sonreír más y preocuparnos menos.
No. No es que Sofía se haya tomado un gintonic doble o haya claudicado ante la empresa. Sofía sigue en paro, pero con dignidad.


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