Caricias
Fotografía propiedad de Google
El telediario hace rato que terminó, el mundo sigue en estado de ebullición, me pregunto si algún día conoceremos la verdadera paz y se terminaran los atentados. Si ningún niño morirá de hambre, si todos podrán ir a la escuela...Apago la televisión, la programación rosa posterior nunca me interesó así que mordisqueo el último pedazo de manzana y recojo el plato de la cena.
Miro el reloj del salón, no veo la hora de que vuelva a casa o que al menos me envíe un mensaje diciéndome que todo ha ido bien pero que se retrasa con algo. Mientras me zambullo en mis pensamientos y recojo la cocina, escucho el pitido del teléfono. Me apuro en acercarme a la isleta de la cocina y mirar el dispositivo. Resoplo al leer el mensaje, respondo y salgo de la estancia.
Voy apagando las luces tanto de la cocina como la lampara del salón, aquel salón que me gusta tanto por su simpleza. Un ventanal que da a una terraza, muebles blancos y una vitrina que está repleta de libros a un lado. El único cuadro que hay, es un paisaje y está situado sobre el sofá de tonos azules. En el otro extremo una mesa con dos sillas a juego.
Camino hacia la habitación y siento en mis pies el roce de la alfombra al entrar en ella. Una gran cama con sabanas grises y cojines blancos ocupa la mayor parte de la habitación. Dejo el teléfono sobre una de las mesitas y me tapo hasta la mitad de la cara. Creo que va a ser una noche fría...
Casi me duermo cuando suena el ruido de las llaves en la cerradura de la puerta de la entrada. La puerta se cierra, el golpe de una mochila que cae al suelo del salón, el ruido del interruptor de la luz del baño y luego silencio...
Le escucho salir del baño y entrar en la habitación, callado, en silencio. Aparta las sabanas por su lado y noto su mano acariciando mi cadera hasta abrazarme.
-Te has quedado...
-Te dije que lo haría...-Me doy la vuelta sintiéndole, le acaricio la cara-¿Me lo explicas ya?
-Siempre tan preguntona eh...Te pedí que te quedaras porque desde el viaje que hicimos no he dejado de pensar en como sería volver a casa y encontrarte en mi cama. Abrazarte, acercar mi cara a tu cuello y aspirar el olor de tus cremas con el del champú de lavanda. Me haces sentir cómo nunca nadie lo había hecho.
Sin saber qué responderle porque lo cierto es que antes nadie me había hablado así. El sueño me empieza a vencer y me duermo abrazada a él, entre caricia y caricia. Tenía razón. No es la persona, siempre será en lo que te hace sentir.
**Texto propiedad de El diván de Sofía. Pertenece a una novela que no tiene titulo aún ni está finalizada.


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