Noches frías
Cae la noche. Las calles del pueblo están tranquilas, de vez en cuando se
escucha algún coche pasar. Las cortinas entre abiertas dejan pasar a través de
los cristales las luces de las farolas que alumbran a estas horas. Termino de
ponerme el pijama, suave y de tonos grises hace conjunto el pantalón y la
camiseta. Me encamino a cerrar las cortinas cuando la música que sube desde la
planta de abajo repiquetea en mis oídos.
Apoyo la mano en la ventana y siento el
frío cristal mientras tiro de la parte superior de cada lateral de la cortina
hasta que queda completamente cerrado. De igual forma, no puedo evitar cerrar
los ojos mientras sigo escuchando la música que llega desde abajo. La reconozco,
es un nocturno de Chopin a piano.
Sonrío, deslizando la crema
hidratante con olor a vainilla entre las manos, mientras sigo escuchando.
Recuerdos llegan a mi mente, cómo nos conocimos y sentimos aquel magnetismo tan
especial. La forma en la que nos unió la música, el cine...incluso todo aquello
en lo que no coincidíamos iba tejiendo algo invisible entre los dos mientras
aprendíamos el uno del otro. Bajo las escaleras, está sentado de espaldas a la
puerta y frente a su piano. Descanso la espalda en el quicio de la entrada del
salón.
En silencio le contemplo, poco a poco la música empieza a cambiar. Ahora
toca la melodía de la banda sonora de titanic. Sabe perfectamente que estoy,
aunque haya llegado hace un rato y aunque haya sido de forma sigilosa pero lo
sabe. De igual forma, también sabe bien las canciones que me gustan. Esa en
concreto me transporta a la niñez, a un profesor de música que siempre tocaba
esa canción como cierre de clase.
Me acerco a él y le abrazo desde detrás de su espalda. Gira la cabeza y la apoya en mi hombro.
-Ya tardabas- susurra suave sin que sus dedos paren de tocar.
-Hace veinte minutos que fui a ducharme- respondo besándole en la mejilla suavemente.

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