“Si no entiendes el pasado, jamás entenderás el futuro”

Fotografía propiedad de El Diván de Sofía. Monumento en el mirador de Artxanda


Durante mi infancia lo cierto es que aborrecía un tanto la historia y suspendía exámenes uno detrás de otro. Solo me gustaban las historias de mi abuelo, las que pensaba eran inventadas y yo curiosa le preguntaba más. Más tarde me enteraría que aquello no solo eran historias sino retazos de su vida, algunos en forma de anécdotas y otros relatos que no tenían final. El final dolía demasiado como para contarlo. Simplemente terminaba cambiando de canal en la televisión o me decía “Eso no son historias para una niña” y se marchaba a la cocina. 



Cierro los ojos y veo los dibujos marcados en su piel. Tenía dos tatuajes que no acostumbraba a mostrar pese a que la niña insoportable insistiera y pidiera verlos. Uno de los dos tenía un toque divertido y la verdad es que era mi preferido. Recuerdo cuando le decía que yo de mayor quería uno. Se horrorizaba, intentaba hacerme ver que aquello era algo feo y que no debería. No entendía nada ¿Cómo iba a estar mal si él lo llevaba? 



Le miraba durante rato. Solíamos entendernos sin hablar y luego, como si comprendiera que no entendía la respuesta me decía “En tiempos de guerra si vas marcado te señalan más fácil, te denuncian y luego te llevan”. 



Abro los ojos. Caminamos por Bilbao, nos montamos en el funicular con tal de subir al Mirador de Artxanda. La huella es un monumento a los caídos en los bombardeos de la zona a principios de la Guerra Civil. Caminamos por el lugar, las vistas son impresionantes, se puede ver la mayor parte de Bilbao. 



Cerca de la huella hay una especia de placa con una inscripción, a los pies del hierro descansan ramos de flores. Me llama la atención una mujer que está delante, mira la inscripción fijamente y en silencio. Nos apartamos pero la observo desde lejos. La mujer tarda un rato en marcharse, cuando lo hace me acerco a la inscripción. 



Recuerdo otra vez aquella frase “Si no entiendes el pasado…”, luego vuelve a pasearse por mi cabeza la imagen de mi abuelo. Está de pie junto a la puerta y trae en la mano una flor. Una magnolia. Florecen entre mayo y agosto ¿a qué fecha estamos? Julio. Me tomo unos minutos para cerrar los ojos de nuevo, para sentir el viento, me parece oler a magnolio...quizás sea mi cabeza jugándome una mala pasada.



Allí, de pie, empezaron mis ganas por saber la verdad. Por saber porqué un día obligaron a mi abuelo a pertenecer al bando franquista. Por saber porqué mataron a su hermano republicano cuando estaba herido en un hospital. Por saber porqué se llevaron a un hermano de mi abuela y porqué le pegaron un tiro al otro cuando apenas contaba con veinticuatro años de edad. 



Ayer me dijeron que soy demasiado joven para estar anclada en el pasado. Respondí agradeciendo semejante signo de cínica preocupación. No estoy anclada puesto que tengo piernas y las uso. ¿Quiero exhumar los cuerpos? ¡No sé ni dónde están! 



Me preguntarás ¿para qué? ¿a quién le importa ya? Envidio sanamente a países como Francia y sus cementerios decentes dónde honran a sus fallecidos, sin importar bandos. Eso quisiera yo para mi país. Me preguntan si soy facha, si soy republicana, comunista e incluso anarquista. Si buscas etiquetarme y meterme en un sobre, yo es que rompo el molde desde siempre. Ninguna me define. 



Esto no se tata de bandos. Me importa poco quién empezó y quién terminó. ¿En una guerra hay vencedores y vencidos? En caso de dos hermanos, uno en cada bando ¿quién es el vencedor y quién el vencido? Todos hemos perdido. Algunos perdieron su vida, otros a alguien a quién amaban…Todos hemos perdido la dignidad gracias a unos gobernantes que están para todo menos para darnos la verdad. 



Queremos la verdad. Un día se lo prometí a alguien que ya no está. Sueño con hacer una vez más lo que hago siempre. Ponerme de pie, como aquella mujer, ante las flores de esa persona y contarle la verdad. Explicárselo al frío mármol porque en vida las respuestas no llegaron a tiempo. 



Seguiremos intentándolo. Les debemos como mínimo eso.


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