Gajes del oficio.






Si lo pusiéramos en funcionamiento, pocos valores más necesitaríamos.

Trabajar de cara al público nunca es fácil. Sobretodo si después de una jornada de trabajo has: atendido al teléfono, escuchado gritos, tramitando quejas o transfiriendo a cada departamento, informado de promociones, escuchando al otro ser irrespetuoso o condescendiente...

Luego está el superior que te recuerda "Respira y vuelve a ser tú. Lo estás haciendo bien".

Entonces respiras, cuando la voz que te grita a través del teléfono se calla entonces aprovechas para colarte y responder un "Te comprendo".

Es como desmontar a la otra persona, no se espera que la escuches y menos que la vayas a comprender. Afloja, se calma y empieza a contarte los problemas que tiene. Personales y no personales. Ahí es cuando cruzas la línea y ya no eres "el desconocido", ahora eres una especie de voz amiga.

Pasa a decirte "Se que no tienes la culpa pero con alguien me tenia que desahogar" y "Eres buena profesional. Por lo menos me escuchas".

Con un único "Gracias" vuelves a creer en que algo estás haciendo bien. Por mucho que seas novata y no aciertes con las teclas.

Hacer y cumplir con el trabajo, añadiendo algo que no tiene precio, con comprensión y respeto por el otro. Pese a que siempre habrá alguien que intentándolo no te responda igual.

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