Espacio seguro

 


La oficina puede ser un espacio hostil, de competencia laboral en el que los trabajadores compiten entre sí, pero también puede ser un espacio seguro cuando todo en casa sale mal. 

De eso, Sofía, entiende. 

He pasado los últimos cuatro años escuchando cómo me llamaban "retraída" o "encerrada en sí misma" y no es que no quiera conocer personas que me rodean o no tenga interés. Es que a veces las heridas van por dentro y años después, seguimos notando las molestias. 

Imagina que una compañera de trabajo está pasando por un divorcio por una situación de malos tratos continuados. El primer comentario que ha hecho saltar a esta que escribe ha sido " Ah, yo no llegaría a sufrir eso con mi carácter". Se acabó, Sofía va a hablar de ella. 

Yo tenía diecinueve años cuando empecé a recibir órdenes de cómo vestirme, con quién ir o cómo ser. Que no era válida, era el comentario habitual. Luego llegaron los insultos, luego llegó el menosprecio, la intimidad obligada, la fuerza, los golpes en la cabeza, las costillas moradas "para que nadie se entere" y la soledad que dejaron amigas que se pusieron de su parte. Perdoné todo; hasta cuatro o cinco veces cogí el teléfono para llamar al 112; otras tantas estuve a punto de denunciarle. Nunca lo hice porque para mi familia "con la cuchara que elijas, comerás". 

Con veintidós años era una especie de fantasma que no veía nadie o casi nadie, insegura, frágil. Llega siempre algo o alguien que te abre los ojos. Llegó la infidelidad y después la última discusión en la que, al girarme, lo encontré delante de mi, en mí cocina, empuñando un cuchillo con su mano. No olvidaré jamás la mirada que tenía; ya no eran los ojos dulces. Eran unos ojos que me odiaban, que me tenían asco y a los que se les había pasado por la mente cumplir con las amenazas que propinaba casi  a diario. 

Nunca olvido, pero nunca abro el cajón de los recuerdos; están todos ordenados en mi mente. Hubo una época en que lo hacía, como el que se regodea en todos los errores que ha cometido y en todo lo negativo que le ha pasado en la vida. Después de terapia, de sentarme conmigo misma, de aceptar que yo lo había tolerado una y otra vez, de darme asco de mí misma, de no tolerar el contacto cercano de ningún hombre... Han pasado años y me doy cuenta de que hay todavía señales internas que no estoy segura de que alguna vez se curen. No tolero que me toquen la cabeza y de vez en cuando me asaltan pensamientos intrusivos en los que me digo a mí misma que no soy suficientemente valida. 

No hablamos de un cajón físico, sino de alguien que ha encontrado en la oficina su diván seguro. 

Comentarios

  1. Siempre hay un sitio seguro que actúa como refugio. Se suele pasar más tiempo de lo esperado en él cuando es la oficina o lugar de gtrabajo en general. Y va muy bien. El albardán ha conocido gente que gracias a esas horas extra y conversaciones tranquilas han superado momentos o recuerdos difíciles.
    En Albardania tienen un curioso métpdo para eliminar medos o prevenciones físicas. Nació el método por un chiste que circulaba por el país (y que no dejaba en muy buen lugar a los psicólogos). El chiste, contado con mayor o menor gracia según quien lo explicara, contaba la historia de un hombre que tenía complejo de gato y tras una serie de sesiones se despidió del psicólogo diciéndole: "yo sé que no soy un gato, soy una persona, pero ¿lo sabe el perro que está fuera?"
    Quiere esto decir que hay conocimientos racionales que no se acaban de interiorizar y pueden dificultar la vida diaria. Para eliminar estos efectos se creó una terapia basada en asociar placer con lo que antes era lo contrario (pero después de saber "que ya no soy gato").
    Dicho de otro modo y aplicado a Sofía en Albardania le recomendarían una masaje relajante y de cervicales una vez al mes - máximo dos- durante 6 meses. Es relativamente asequible y tiene como base que el placer del masaje se asocia con el toqueteo de la cabeza y las cervicales. Poco a poco la resistencia se elimina y acaba difuminándose tanto que se puede considerar desaparecida.

    Para ver si Sofía e s válida o no , yo le aconsejaría que saliera de la caja y lo mirara desde fuera. Cómo era Sofía hace 10 años, hace 5, hace 4 y ahora; cuáles eran sus expectativas de futuro hace 10, hace 5, hace 4 y ahora. Solo viendo el cambio desde fuera se puede ver claramente que Sofía es mucho más que "suficientemente" válida.

    Sofía tiene motivos para estar contenta. Dile a Sofía que al salir de casa se mire al espejo, sonría, haga un guiño cómplice a la imagen y no abandone la sonrisa durante el día. Es curioso como cambia el mundo cuando se mira con una sonrisa (aunque el principio sea postiza, como algunas pestañas). Hay una explicación científica que lo avala; pero eso es otro capítulo.

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